Mostrando entradas con la etiqueta neurociencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta neurociencia. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de julio de 2014

Los psicópatas son gente corriente

El día en que James Fallon descubrió que era un psicópata, no le dio la menor importancia. O eso dice, porque ya se sabe que uno no se puede fiar mucho de esta clase de gente. Aunque yo, para ser sincera, sospecho que es cierto. Me imagino que la información le entró por las orejas y él la procesó diligente, con calma, de la manera fría que caracteriza a los verdaderos psicópatas. Supongo que su psicopatía le ayudó a averiguar qué era lo mejor que podía hacer con ella, y sobre todo, con el hecho de que estuviera demostrada. Porque el mundo es un lugar de grandes peligros, pero también de grandes oportunidades para el que sepa aprovecharlas. Y así sucedió que James, que era una persona de lo más normal y corriente, pasó a ser asesor en el Pentágono, escritor, divulgador, famosillo en el mundo de la farándula neurocientífica y alguna que otra profesión que la ocasión requiera. Porque ser un psicópata da mucho caché.

Pero a ver, a ver, empecemos por el principio:

James Fallon era un apacible padre de familia, que veía el baseball por la tele y hacía barbacoas los domingos con los vecinos (la verdad, no sé si veía el baseball y hacía barbacoas, es por ponernos en escena) dedicado a la enseñanza de neurobiología en la Universidad de California Irving (esto sí es cierto). Además de enseñar, estudiaba, entre otras cosas, la actividad cerebral de personas con trastornos mentales, uno de ellos la psicopatía.

Por eso sabía que los psicópatas tienen una personalidad particular. Que son en esencia fríos, manipuladores y egoístas. Que no sienten la menor empatía por nadie y que si muestran sentimientos afectivos son simulados, como parte de su estrategia para obtener algún beneficio. Sabía que pueden ser encantadores, y que no conocen la culpabilidad. Que son arrogantes, e impulsivos.

Y sabía también, por su profesión, que si son así es porque sus cerebros son diferentes. Las áreas de la corteza prefrontal, lóbulos temporales y amígdalas son áreas muy relacionadas con la empatía (porque habitan entrañables neuronas espejo), el comportamiento moral, y el miedo, entre otros sentimientos, y James sabía de buena mano que en los psicópatas, estas áreas muestran una menor actividad, y que si uno mira una tomografía cerebral de uno de ellos, ve algo más o menos así:






Por eso un día, cuando estaba en su despacho examinando tomografías cerebrales que le habían hecho a él y a su familia como parte de un estudio científico, y se encontró con que su tomografía era exactamente la que está encima de estas líneas, algo le dijo que su cerebro, el suyo propio, el que en ese instante cobijaba su morena cabeza, era el de un psicópata.

Al principio se rió, no le dio importancia. Se lo contó a su mujer y esta le contestó: "No me sorprende". Bueno, respuesta chunga pero todavía inofensiva. Después se lo contó a su madre, y la respuesta ya fue ya chunguísima, y nada inofensiva. Le dijo algo así como: "Ah, si...¿Es que nunca te lo había contado? En tu familia hay 7 asesinos. Por parte de padre, claro, que yo con eso no tengo nada que ver".

Así que una cosa llevó a otra. Le realizaron pruebas varias, y en efecto, tenía las variantes de un gen, MAO-A, que se ha relacionado con conductas agresivas, así como todos los patrones de actividad cerebral característicos de los psicópatas.


En estos cerebros, la intensidad de la actividad viene reflejada según una escala de colores (rojo- máxima actividad, azul- mínima actividad). En la tomografía se puede ver que el cerebro de James Fallon (abajo) muestra menos actividad en varias áreas cerebrales.


James Fallon admite que reconoce los rasgos psicópatas en sí mismo. Que no siente empatía. Que no puede decir que ame a sus hijos ni que esté enamorado de su mujer. Que se comporta como los demás esperan que lo haga y que simula sentimientos que los demás esperan que sienta.

Sin embargo nunca ha matado a nadie (o eso parece), y su comportamiento siempre ha sido de lo más cívico y aparentemente normal. ¿Por qué? ¿Por qué nunca ha sucumbido a su naturaleza interior y manchado de sangre sus manos? ¿Dónde está la línea que separa a un psicópata asesino, de un psicópata perfectamente integrado en la sociedad?




Según él son dos las claves de la diferencia: El grado de gravedad de la psicopatía, que puede medirse por " la lista de verificación de Hare" (un test psicotécnico), y la infancia vivida. Si una persona con tendencia a la psicopatía es criada en un entorno amable, equilibrado y feliz, puede llevar una vida de lo más normal, sin que en ningún momento se apriete el gatillo que le empuje al crimen. Pero si una persona con la misma tendencia es criada en un ambiente agresivo o violento...entonces el peligro acecha en cualquier esquina, y el psicópata puede en cualquier momento mostrar su verdadera cara y dar rienda suelta a sus instintos más básicos.

Así que visto lo visto, esto deja en nuestras manos una responsabilidad enorme: La de garantizar que la vida de personas del futuro sea larga y prolífica, o que termine abruptamente fruto de la violencia. Por eso debemos hacerlo por ellos, por esos desconocidos del futuro: seamos amables con los niños. Ya sé que a veces dan ganas de matarlos, pero debemos auto controlarnos. Claro que por otra parte, no demasiado, porque si no les paras los pies luego se convierten en unos tiranos malcriados y van por ahí convertidos en adultos insoportables.

Vamos que todo esto es muy difícil, yo no sé cómo comportarme, y mucho menos desde que sé que dentro de cualquier persona de lo más normal pueden habitar las semillas de la violencia.

Una vez más, todo es muy pero que muy inquietante.





miércoles, 21 de mayo de 2014

Más rebujito que sangre

Artículo publicado como colaboración en la revista digital takeSevilla

El pasado domingo 11 de Mayo, en los Remedios, Sevilla, España, las 24000 bombillas que tejían la portada de la Feria de Abril se apagaron al unísono. Atrás quedaban entonces 7 días de fiesta, alegría, volantes, sombreros, flores en el pelo, risas, sevillanas y mucho, mucho más. Ahora todos a casa. Con los zapatos rebozaditos de albero y en las venas, más rebujito que sangre.

fuente

Bueno venga, dejémonos de exagerar, más rebujito que sangre, no. Vamos a ver: Se estima que se vendieron 1.5 millones de medias botellas de manzanilla, cada una de 0.375 litros. Eso hace 562.500 litros. La proporción en el rebujito es 1/3 manzanilla, o sea que eso hace 1.687.500 litros de rebujito. Suponiendo que asistiera 1 millón de personas, cada una toca a 1.7 litros de rebujito. Cada persona adulta de media tiene 5 litros de sangre, así que el rebujito supone un 34 % de esa sangre.

Vale, que a lo mejor no he tenido en cuenta el metabolismo del alcohol, ni el que no todas las personas hayan bebido lo mismo, ni que la gente se hay repartido el rebujito en varios días. Vale. Pero esto es un artículo de ciencia y lo arriba expuesto son estimaciones, por muy chapuceras que sean. Así que podemos decir tranquilamente que según estimaciones científicas, el 34 % de la sangre de los asistentes a la Feria de Abril está compuesta de rebujito. Ojú.

Estas cifras escalofriantes me hacen pensar que en la Feria de Abril el protagonista no es Abril, ni las mujeres guapísimas embutidas en sus trajes, ni los farolillos ni ocho cuartos. Nada de nada. El protagonista es el alcohol, con sabor a rebujito. Etanol que se introduce por bocas sonrientes con la excusa de refrescar, para apoderarse sin piedad de cuerpos y mentes, que drogados, ríen, cantan, taconean y piden más. ¡Más!

El rebujito vuelve a la gente loca, dicen. Y no se equivocan. Porque en sentido literal locura es el trastorno de las facultades mentales. Y el alcohol transtorna las facultades mentales, y mucho, además de muchas otras cosas. Vale, vale, no panic. Tranquilo. No voy  a ponerme ahora, cuando ya no tiene solución, a hablar de todos los efectos perjudiciales que tiene el que te atiborraras de rebujito. Ni mucho menos. Pero efectos tuvo...Eso está claro.

¿Y todo por qué? Porque el alcohol es una molécula con contactos. Claro que sí. Contactos muy pero que muy importantes. Y eso es lo que hace que el alcohol sea tan influyente. Ya me lo decía mi madre: Hija ¡en este mundo todo son los contactos! Qué razón tenía.

El principal aliado del alcohol etílico es GABA. Puede que no lo conozcas, pero es un auténtico magnate en el cerebro. Todo lo controla. Es un neurotransmisor, cuya función, como su propio nombre indica, es transmitir información entre las neuronas. Algunos neurotransmisores son excitatorios. Se acercan a las neuronas y les dicen que deben activarse, disparar. Pero otros son inhibitorios. Se acercan a las neuronas y las instan a la pasividad, a ignorar lo que le digan los excitatorios, al simple e indolente no hacer nada. GABA es uno de estos. Le encanta fomentar el vaguerío celular.

Pero GABA también tiene su némesis: el Glutamato. Esta molécula es otro neurotransmisor presente en todo el cerebro, pero éste es excitatorio,  y cuando se acerca a las neuronas lo hace para espabilarlas y que se pongan a trabajar.

Y el caso es que cuando alcohol y GABA se juntan, se embravuconan y ya es que la cosa se les va de las manos. Se dedican a sabotear el cerebro. El alcohol no sólo fomenta la actividad de GABA, es decir, el vaguerío neuronal, sino que además boicotea a Glutamato en su desesperado intento de azuzar a las neuronas. Hoy aquí no se trabaja. Las neuronas están cohibidas, y el cerebro, ralentizado.

Por eso las áreas perceptivas perciben peor, las áreas de coordinación coordinan peor, y el área de creación de memorias crea peor las memorias.

Y por eso, las áreas de autocontrol del comportamiento, autocontrolan peor. Las que te dicen: "No, para. Piensa dos veces". Las que calculan consecuencias y abortan misiones suicidas. Pero el día que hay alcohol de por medio, GABA no tiene piedad. Las inhibe y silencia, porque esto es una fiessshta y, total...¡ya pensarás en las consecuencias mañana! Venga, ¡no te cortes! coge el teléfono y llama a esa persona, di lo que se te venga a la cabeza, habla con cualquier desconocido y suéltale lo que quieras. ¡Sal a bailar! ¿Por qué no pides otra jarra de rebujito? ¡Vamos! Y así las horas pasan, la fiesta sigue, las sevillanas suenan una tras otra y poco a poco, la noche se va transformando en día.

Pero en tu pobre cuerpo no todo es jolgorio. Más abajo de tu cerebro despendolado el corazón late y late sin descanso, sensato él, tratando de liberar tus salerosas venas del intruso enloquecedor. El hígado recoge sin cesar moléculas de etanol para transfomarlas, con la ayuda de enzimas hacendosas, en otras que darán lugar a otras, y que en última instancia, cada una como pueda, pasarán a integrarse en el organismo, y acabarán perdidas en el océano bioquímico del cuerpo humano.

Teniendo en cuenta que el hígado es capaz de metabolizar aproximadamente 10 ml de alcohol puro por hora, y haciendo unas cuantas operaciones aburridas, resulta que aproximadamente en 10 horas tienes el cuerpo limpio de tóxico etílico, y lo único que queda es una sed horrorosa, dolor de cabeza, fatiga extrema, nauseas, y según tu nivel de desvergonzonería, un bochorno punzante o una sonrisa burlona por todo lo que pasó ayer.

Me escuecen los dedos porque hay muchas cosas que no he tecleado y que están ocurriendo. Sucesos turbadores que el alcohol provoca en tu inocente cuerpo serrano. Pero he prometido que no hablaría de los efectos perjudiciales que te provocó el rebujito. Y lo prometido es deuda. Así que corramos un estúpido velo, y finjamos que todo fueron risas y desinhibición.

A ver, saca el calendario. ¿Cuánto queda para la próxima feria?

fuente





















miércoles, 30 de abril de 2014

Cerebros esclavos de una flor blanca

Artículo publicado como colaboración en la revista digital takeSevilla.com


El otro día me enviaron esto por Whatsapp





Me pareció un poco exagerado. Me reí y llamé llorica al que me lo mandó. Pero luego me quedé pensando. 

¿Y si es verdad? ¿Y si hay miles de sevillanos llorando por el mundo, echando de menos el olor de la primavera en Sevilla? Y si es así, ¿por qué? ¿Qué es lo que tiene el azahar que tanto engancha?

Alguno debe de estar pensando: Pues fácil, que huele muy bien. Sí, huele muy bien, pero no es eso. Es algo más. 

El azahar engancha porque es capaz de desencadenar eventos fascinantes en tu cabeza para provocarte un subidón. 

Cuando sopla la brisa y alcanza el naranjo, y mece sus hojas, de la superficie de la flor se desprenden unas minúsculas sustancias, llamadas moléculas odoríferas, que giran y giran por el aire para terminar algunas, por casualidad, aterrizando en tu nariz. Y cuando lo hacen, se meten avasallando hasta el fondo. Hasta el rincón más oscuro y lejano de tus fosas nasales: la mucosa olfativa. 

Allí, esperando en la penumbra por si se produjera la toma de contacto se encuentran las primeras neuronas de todo un batallón que acabará provocando que en la cara se te dibuje una sonrisa. Pero las moléculas "bienolientes" de azahar no se unen a cualquiera, no creas. Sólo a algunas, muy específicas, que se encargan de reconocerlas. Y sucede que estas células tienen en su cara oculta unas prolongaciones nerviosas muy largas y flexibles, que se introducen por pequeños agujeritos que hay en tu cráneo y contactan con muchas otras neuronas de todo el cerebro. Primera parada: sistema límbico.

Aquí empieza lo interesante. Porque en este sistema se conectan memoria, aprendizaje y sentimientos. Para empezar, cuando el sistema límbico recibe la señal de que alguna partícula odorífera "bienoliente" se ha unido a la mucosa olfativa, manda la orden de liberar endorfinas. 

Y las endorfinas te hacen sentir muy, muy bien. 

Para seguir, suele pasar que cuando hay azahar, hay muchas otras cosas. Hay primavera, y Semana Santa. Torrijas, y Feria de Abril. La ropa de verano ya está de nuevo en los armarios. Ha empezado el buen tiempo pero aún no hace 40 grados a la sombra. Risas, amigos, terracitas, cervezas en el Salvador. Y todo esto también llega al sistema límbico, que libera endorfinas. 

Y las endorfinas te hacen sentir muy, muy bien. 

Pero además de sentirte muy muy bien, creas recuerdos. Aprendes que te hicieron sentir bien la primavera, la Semana Santa, las torrijas, y la Feria de Abril. La ropa de verano, y el buen tiempo, las risas, los amigos, las terracitas y las cervezas en el Salvador. Y que cuando estas cosas estaban sucediendo, el ambiente olía a azahar.

Ya está hecho, eres uno más.

azahar 3
La próxima vez que tengas cerca un naranjo florido y hermoso, rebosante de flores de azahar, los circuitos misteriosos de tu cerebro se encargarán de liberar endorfinas que te cosquillearán por el cuerpo, y de hacerte recordar todos aquellos buenos ratos pasados, con la primavera, semana santa y demás.

Es irreversible. Te has convertido en un perro de Pavlov, esclavo de una flor blanca que parecía inofensiva.

Y Dios no lo quiera, si alguna vez tienes la desgracia de estar lejos de Sevilla en primavera, llorarás. 


viernes, 21 de marzo de 2014

¡La telepatía existe! o sobre las neuronas espejo (para el que el sensacionalismo no sea lo suyo)




 ¿Has estallado en carcajadas?¿Has dejado escapar alguna risilla? O al menos...¿has sonreído un poco? Si la respuesta es NO....bueno....menos mal que hemos construído una sociedad en la que todos, mal que bien, tenemos oportunidad de sobrevivir, porque en la selva de Darwin no durarías ni dos telediarios. Si la respuesta es SI, ¡enhorabuena! eres poseedor de una herramienta poderosísima que nos viene ayudando desde los tiempos remotos, cuando la frontera entre el hombre y el mono no estaba aún definida. Es


la TELEPATÍA

...¿Cómo? 

Sí, sí. Increíble pero cierto. La telepatía existe. Quizás no de la forma en que te la imaginas. No en un plan controlado en el que podemos elegir qué y con quién compartimos información sin ni siquiera abrir la boca. Pero sí inconscientemente, sin filtro y a lo loco. Nuestra mente forma parte de una red  que nos comunica con las mentes de todos los seres de nuestro alrededor, como si fuéramos miembros de una hermandad con superpoderes.  




La fecha y el cómo del origen del lenguaje siguen siendo un misterio comparable al del triángulo de las Bermudas, pero fuera como fuera, antes de que existiera, cuando éramos humanoides con la nariz ancha y el cuello corto (llamémonos Neanderthales o Cromañones), ya nos comunicábamos los unos con los otros. ¿Cómo, si no, enseñar a cazar, o qué hierbas comer y cuáles no, cómo fabricar armas? Necesitábamos desesperadamente un sistema que nos permitiera imitar. Y no solo eso, necesitábamos también un sistema que nos permitiera comprender los sentimientos de los otros, porque somos animales gregarios y en el grupo es esencial la ayuda mutua y la solidaridad. Lo teníamos: Son las neuronas espejo.

Como su propio nombre indica, la función de estas células es la de reflejar la realidad que nos rodea. Así, se activan cuando vemos a alguien hacer algo, o sentir algo. Y esta actividad en las neuronas desencadena una respuesta que nos hace sentir como si nosotros mismos estuviéramos realizando esa actividad, o sintiendo esos sentimientos, porque casualmente estas neuronas también se activan cuando somos nosotros los que actuámos o sentimos, o simplemente imaginamos que lo hacemos.





Haz la prueba. Coge a un niño pequeño al que utilizarás como inocente conejillo de indias, y ponte delante de él. Dedícate a mirarle fijamente y mover ostentosamente la boca. Muévela como un camello rumiando, ridículamente, hacia los lados. Al cabo de un ratito (reza para que sea un ratito corto, antes de que el niño se aburra o a ti te den calambres en los mofletes), empezará a mover la boca contigo. No tan exageradamente como tú, pero sí un poco, hacia un lado, hacia el otro, y entonces es cuando te entrará a ti la risa, y tendrás que parar. ¡Has activado sus neuronas espejo! También lo puedes intentar con adultos pero mi experiencia me dice (sí, tengo experiencia en mover la boca como un camello delante de la gente...) que funciona mejor con niños. ¿Por qué? 
¿Será porque están liberados y no se reprimen cuando tienen ganas de hacer algo?¿Será porque la función de las neuronas espejo es especialmente importante durante la infancia, por la necesidad de aprender? 

Ahora lo entiendo todo, por eso lloré viendo el Rey León, ¡porque vi la carita de Simba y mis neuronas espejo me hicieron sufrir con él! Aunque lo de que me hicieron sufrir con él es un decir. Sufrí yo sola, porque al fin y al cabo Simba era un dibujo animado.


El pobrecito Simba sufriendo por su padre. ¿No te da pena?


Pero hay algo más, algo tremendamente inquietante. Tus neuronas saben de quién te puedes fiar, y de quién no. Y como lo saben se han ocupado de todo y han establecido redes invisibles más fuertes con aquellas personas con las que estás más unido. Por eso tu dolor es real, tremendamente real, cuando ves a tu hermano, a tu madre o a tu padre sufrir dolor, y no lo es tanto cuando ves a un desconocido sufrir por la tele, y mucho menos si es un desconocido que además es de un país lejano y con facciones muy diferentes a las tuyas.

Pero esto no sólo ocurre con los sentimientos. De la misma manera, las probabilidades de que bosteces son mucho más altas si ves a tu hermano bostezar que si ves a alguien cualquiera bostezando en la calle.


Imagen tomada de Sinapsis Social

Claro que no todos tenemos la misma cantidad de estas neuronas, así como no todos somos igualmente empáticos. Un ejemplo extremo sería el caso de los psicópatas, quienes no sienten dolor al observar el dolor ajeno, ¿será por déficit o mala función de sus neuronas espejo? Igualmente, se cree que estas células o más bien la falta de ellas pueden tener algo que ver con enfermedades como el autismo o síndrome de Asperger, lo cuál explicaría por qué las personas aquejadas de estos trastornos tienen problemas para interpretar los gestos o sentimientos ajenos.


Y lo más sorprendente es que estas neuronas suponen sólo un tipo de los miles que trabajan sin descanso en el kilogramo y pico de masa al que llamamos cerebro.

Una vez más, este órgano ha demostrado que no es la maraña de carne blancuzca y deslavazada que parece. Todo lo contrario. En realidad es una máquina tremendamente sofisticada en la que no sobra ni falta una sola pieza, y en la que todo está pensado.

Por lo visto no es suficiente con que sea capaz de procesar imágenes para que podamos ver, o que nos permita abrir la boca y expulsar discursos sin que tengamos siquiera que pensar sobre cómo hemos de mover los labios o la lengua. No es suficiente con que nos permita montar en bicicleta, seguir el ritmo en el baile o recordar tiempos mejores. Ahora resulta que además de todo eso,  se ocupa de todos los asuntos que a nosotros no nos incumben, y se dedica a controlar continuamente cómo se sienten, y cómo actúan, los demás.

¡Ubuntu! ¡Todos somos uno!